Narciso se vio a sí mismo reflejado en la superficie del agua.
Escribientes virtuales nos vemos en el espejo de estas pantallas.
No fue enamoramiento, apunta un certero pensador.
Fue obsesión.
Recabo en que de ella calzo.
Miro y remiro mis reflejos en esta pantalla.
Mis letras e imágenes me devuelven un tiempo pretérito ausente.
Alguien dijo que uno de los perfiles blogueros era el del narcisista.
El que pone sus pinturas en un cuerpo virtual, lo mismo que esas damas engalanadas para sentirse completas hacen con su cara.
Sombra aquí y sombra allá…
Retoques y reafirmantes.
Todo sea luchar contra la noedad. Anomia del cuerpo social.
